Hubo mucho ruido en las llamadas redes sociales entorno a las marchas contra EPN que tuvieron como origen la visita que el candidato PRIísta hizo a la Ibero, las de apoyo a los estudiantes de la Ibero y la convocada por Andrés Manuel López Obrador. Que si fueron 10 mil, que si fueron 30 mil, que si Televisa mintió, que la cifra estaba truqueada, que los medios harían todo lo posible por presentar otra información, etc…
La cifra de los asistentes a la #MarchaAntiEPN, es una cifra negra, negra porque nadie tiene un cálculo exacto de cuántos asistieron, aunque hay fotografías que demuestran la concurrencia de los mismos. Lo único cierto es que no hay consenso sobre cuántos marcharon contra la candidatura presidencial de Enrique Peña Nieto. Para efectos prácticos, y basado en el reporte de la SSP-DF que cuantificó 46 mil asistentes, redondearé la cifra en 50 mil, de ambas marchas, la AntiEPN y la de apoyo a AMLO, realizadas en condiciones similares en el Zócalo capitalino.
Mientras transcurrían las marchas, leí comentarios absolutistas sobre ellas, algunos que participaron decretaban que los medios no podían ignorarlos que “el país no quería a EPN” y tenían la obligación de comunicarlo. No soy adepto de los absolutismos y creo que quienes así actúan, se equivocan.
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Hasta donde tengo entendido, la protesta de la marcha fue para demostrar la inconformidad con la candidatura de Peña Nieto y el “sesgo informativo” de empresas como Televisa y Organización Editorial Mexicana (OEM), entre otros.
Cosa curiosa sucedió con #MarchaAntiPeña, #YoConAMLO y #MarchaYoSoy132 (en referencia a una “suma” a los 131 alumnos de la Ibero que increparon al candidato), porque convocaron y realizaron una marcha para demostrar su punto, y criticar a los medios masivos, pero obtuvieron espacios en los medios masivos de comunicación, casi diez minutos en el noticiero estelar de Televisa conducido por Joaquín López-Dóriga. A mi parecer, un tanto irónico, usted juzgue. ¿Cómo es posible que hagas una marcha contra un medio, por el actuar del medio, y éste te de cobertura en sus espacios? ¿Qué queda para reclamar?.
También leí comentarios llenos de rabia contra quiénes llamaron “turba” a los asistentes y no entendí por qué estaban tan molestos. A nivel sociológico, dentro de la tipología de las masas existe la distinción de las turbas, que por las características de las marchas, tipifican como “turba agresiva”… respire y no se ofenda. Turba agresiva tiene una definición extensa, pero la que nos atañe es la siguiente: “Turba agresiva es aquella que tiene un movimiento centrípeto, dirigido contra algo o contra alguien en plan de protesta, de rebeldía”. En ese tono, los reclamos contra los medios y la protesta contra EPN, en efecto, los hizo una turba y nada tiene qué ver con que sea pacífica o no, aunque este tipo de turbas tienden a la violencia. Siento que los que se ofendieron, lo hicieron por incompresión o ignorancia del término, supongo que se imaginaban a Quico, el personaje de El Chavo del 8, que a empujones y trompetillas los descalificaba, pero no, es un término sociológico.
Asombrados estaban los asistentes al ver que a medida que se realizaba la marcha, más personas se unían y la verdad a mi no me extraña. Como que se les olvida que la convocatoria fue realizada en medios sociales, y peor todavía, se les olvida la dinámica de los mismos. Son medios sociales, porque dependen de las personas, por eso no son medios masivos, porque los usuarios generan la información y forman “redes”. Redes de interconexión que de manera offline tal vez nunca se hubieran dado, resultando así en comunidades (tener algo en común). De tal forma, que un “marchista” encontró su comunidad: otros marchistas con la misma inconformidad.
Sin embargo, parece que se les nubló el juicio y eso les hizo pensar que su inconformidad es generalizada, cuando no es así del todo. Consulté a Roy Campos (no creo que necesite presentación, pero si alguien no lo conoce, Roy es Presidente de Consulta Mitofsky, una de las encuestadoras más prestigiadas del país), sobre los datos de la marcha. Resulta que 50 mil personas representarían el 0.063% del total del padrón electoral, y si se calcula con el estimado que se espera que vote (45 millones) representarían el 0.11%. No sé a ustedes, pero a mi en la escuela me enseñaron que “0” (cero), es cero. Es decir, de todos los que estamos en condiciones plenas de ejercer el voto, 0% estaría en contra de la candidatura de Peña Nieto y 0% también estaría apoyando a AMLO abiertamente. Cifras que dicen más de lo que suenan al leerlas.
En ese mismo sentido, sobre los reclamos contra el “sesgo informativo”, si los inconformes representarían el 0.11% de los 45 millones de mexicanos que se estima voten, ¿qué porcentaje representarían del total de ciudadanos en el país si somos 112 millones según el INEGI?. Poco menos de la mitad de lo antes mencionado, entonces, ¿cuál es el “sesgo informativo” al que se refieren?
Recordando rápidamente, una noticia, “es el relato o redacción de un texto informativo que se quiere dar a conocer refiriéndose a un hecho novedoso ocurrido dentro de una comunidad que hace que merezca su divulgación”, pero no termina ahí, porque también debe cubrir requisitos que hacen que merezca esa divulgación, entre esos requisitos, ser veraz, próxima, oportuna, y de interés general.
No resto mérito a que se realicen las marchas, pero si vemos la situación en grande, con los elementos a la mano, podemos distinguir por qué los manifestantes creen que hay un sesgo informativo. Lamento señalar que sus reclamos o inconformidades son veraces y oportunos, pero no son próximos (porque hablamos de un país), ni de interés general, y ahí es en donde fallan al tratar colocar sus temas en los establecimientos de agenda mediática, como en el caso de OEM. Así, en lo general.
En lo particular, es un todo un fenómeno que 50 mil personas salgan a marchar, como las de #MarchaAntiEPN, #MarchaYoSoy132 y #YoConAMLO, es una gran muestra de la libertad con que gozamos, libertad de alzar la voz e ir a nuestras calles a demostrarlo. Incluso algunos participantes le dan a estas marchas un aire revolucionario, pero también se equivocan. Los movimientos sociales tiene un tipo de conducta distintiva, altamente organizado, relativamente de larga duración, cuyos objetivos consisten en una serie de esfuerzos deliberados para promover o detener cambios en una parte o la totalidad de la sociedad. Ahí, encontramos cuatro tipos de movimientos: los alternativos (como las marchas), de resistencia, reformistas y revolucionarios (como creen que son las marchas).
Los movimientos sociales alternativos buscan producir cambios limitados en los individuos (rechazar a EPN o apoyar a AMLO), no en la sociedad, a través de convencerlos de abandonar ciertas actitudes, valores o conductas específicas en favor de otras alternativas (votar o no por ellos). Los movimientos sociales revolucionarios son los más drásticos de todos debido a que buscan un cambio radical y total de la sociedad (cosa que no proponen).
Los movimientos sociales, típicamente, presentan cuatro etapas: La primera de ellas es la formación y gestación del movimiento (ya lo hicieron), seguida por la etapa de integración, o sea, su entrada a la vida pública (se encontraron en la marcha y tuvieron exposición mediática), luego viene el período de la burocratización (requisitos; reglamentos, en la siguientes marchas piden ir con un libro), para finalmente desaparecer (no ha sucedido) como resultado del cumplimiento o fracaso de los objetivos propuestos, coaptación, represión o al transformarse en una organización formal.
Cuando mencioné que los que le daban aires revolucionarios a las manifestaciones se equivocaban, es justo por el origen de las mismas, que no es una causa generalizada (todavía), ni la causa pretende un cambio en la sociedad, que tampoco ha manifestado interés pleno ellas, y que difícilmente se daría para el día de las elecciones.
Quiero resaltar, que con todo y las críticas que nuestro país tiene, con todas las carencias sociales que vivimos al día, es relevante que se hagan estas marchas, porque quiere decir que somos capaces de analizar, tomar posición, cualquiera que esta sea, y manifestarnos, aún cuando sea en porcentajes pequeños.
Bienvenidos a las minorías, a esos que como yo, que por nivel de estudios, por género, por preferencia sexual, por nivel socioeconómico, por creencia religiosa o por cualquier otra variante, formamos parte de un mínimo porcentaje de la población que no somos de interés general, ni protagonizamos los noticieros o los encabezados de los periódicos. Bienvenidos.