Que por “estrategia”, que porque tiene nuevos consejeros, que porque ha cambiado con respecto al 2006, que porque “conocer” el país “completo” lo transformó, por eso, Andrés Manuel decidió lanzar un spot de su nueva campaña presidencial en la que se lo muestra tranquilo, con mucha confianza en sí mismo -como siempre- en la que invita a que olvidemos los rencores y en la que también extiende su mano franca mientras pide perdón a todo el que pudiera haber afectado en su intento de alcanzar la democracia.
López Obrador ya tenía más de un año con MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional) que entre muchas otras cosas, se caracteriza por promover el “amor” como estandarte de sus ideales políticos. Boring. Nada nuevo, Allende ya lo había hecho en Chile en los 60. Aún así, Andrés Manuel decidió seguir con ese discurso, en el que no entraría en ningún tipo de conflicto, aunque sea precisamente esa actitud confrontativa la que lo caracteriza. En resumen, un mensaje que difícilmente podrá colocar, que sus actos en el pasado no permitirían que se posicione debidamente y que conforme avancen las campañas veremos si le funciona.
Es frecuente que se menosprecie el rencor social que AMLO despierta en sectores de la población pero tampoco crean que es un rencor gratuito. La toma de Reforma con un plantón por 45 días, sin duda ha sido una de sus acciones que mayor repercusión tuvo entre los capitalinos que no creen lo que dice y no me refiero a que no haya permitido el libre tránsito de los capitalinos por sus avenidas, ni que el gobierno del Distrito Federal haya sido incapaz de (o que no quisiera) dialogar para que la ciudad no se viera afecta. AMLO dijo que había hecho ese plantón, luego de perder las elecciones de 2006, porque así habría evitado el derramamiento de sangre, que así, él había evitado que gente del pueblo muriera. Supongo que nunca lo sabremos.
Pero eso no es todo, durante el plantón, en el que en las carpas era común ver por las mañanas las filas que formaban personas mientras en el área destinada a “cocina” se preparaban huevos con ejotes que repartían a los “compañeros”, a manera de almuerzo, compañeros que a penas los digerían, se esfumaban del lugar dejando vacíos los amplios espacios del plantón. AMLO fue cuestionado por los medios, por ciudadanos, por políticos, por todos y su respuesta siempre hacía referencia a que era una protesta pacífica que no hacía daño a nadie y es más, que ni un sólo vidrio se había roto. Y estaba en lo correcto, pero se esforzaba en cubrir la incómoda realidad que rodeaba su pacífico plantón.
Sería un ejercicio ocioso decir que las calles no son, ni están aptas para habitarlas, sería todavía más ocioso señalar la cantidad de basura y deshechos humanos que se generan, el maltrato y falta de mantenimiento a las calles a las que no se tenía acceso y podría seguir, pero todo eso tiene un fácil remedio. Lo que no tenía un remedio inmediato eran la falta de clientela de las pequeñas empresas y negocios de la zona, empresas que en poco tiempo terminaron por quedar en la quiebra ante la inclemente protesta de quien hoy les pide perdón. No hay una cifra oficial, la cifra negra indica que fueron miles los empleos que se vieron afectados, y por afectados quiero decir perdidos. Miles de personas que en aras de alcanzar la democracia que el señor López buscaba, quedaron al desamparo económico mientras él seguía en pie de lucha. Miles de personas que no son estadística de nada porque no son convenientes de contar y menos de traer a la luz pública en plena campaña presidencial, algo en lo que AMLO es especialista.
Para mi, Andrés Manuel perdió una oportunidad de oro, una oportunidad única, de esas que no se repiten. Tenía imagen y protagonismo, pero lo más importante: tenía votos a su favor. Tantos votos para la izquierda política como nunca antes se había visto en nuestro país. No llevamos ni un tercio de las campañas presidenciales y ese fenómeno de simpatía por la izquierda en nuestra nación tiene pocas probabilidades de darse.
López Obrador sabe que hizo mal, que causó daño y por eso pide perdón, de lo contrario ni siquiera hubiera pensado en hacer ese spot. No preguntaré si los agraviados lo perdonarían, es más, creo que eso ni siquiera interesa, lo importante es preguntarles: Hoy, ¿votarían por él para que fuera Presidente de la República?.